Según fuentes del periódico Vanguardia (diciembre de 2015) solo 4 de cada 100 mexicanos estudiantes cursará una maestría. Si hablamos de doctorados, solamente 1 de cada 100. El promedio internacional de los países que conforman la OCDE es del 22% y del 2%, respectivamente.

4 de cada 100 mexicanos estudiantes cursará una maestría

¿Son datos malos para nuestro país?

Según desde la perspectiva que se analicen:

Por un lado, la OCDE está integrada por 34 países que van desde Italia hasta Estonia, pasando por México o Francia. No podemos atender a comparaciones entre un país en el que gran parte de su población está graduada y en otro muchos ni siquiera tienen la primaria.

Por otro lado, hay países miembros como Alemania donde los oficios tienen especial importancia; por normativa y cultura, se puede llegar a pagar casi lo mismo por una hora de consulta de un doctor que de visita de un plomero.

Dejar claros estos datos es importante para que conozcas más sobre la demografía educativa de tu país y, para que cuando te hablen del bajo nivel del mismo, sepas responder en defensa propia.

Dado este contexto social, cada vez son más los mexicanos y mexicanas que se plantean en algún momento de su vida hacer una maestría. Esta necesidad puede venir motivada por uno de estos 2 factores:

  1. Crecimiento dentro de un área específica de trabajo. Como consecuencia, es tu compañía quien subvenciona el precio de dicha maestría, ya sea a cambio de la firma de un contrato en el que se estipula tener que trabajar para ella durante un tiempo definido o por un préstamo de empleados a tasa 0.
  2. Cambio de sector laboral. Habitualmente, llegando a los 30 y todavía estando próximos a los 40 años de edad, más de uno y de una se plantea dar un giro sectorial en su carrera. Ya no me gustan las finanzas, ahora es la moda… Una frase que he escuchado mucho en estos últimos años. Pero, ¿qué pasa con los conocimientos necesarios para poder cambiar el rumbo después de una pequeña parte de la vida dedicada a lo mismo? Una maestría puede tener la respuesta.

Pensemos en los cambios generacionales que hemos vivido en los últimos 30 años: X, YZ. No tan diferentes en las cifras que componen sus fechas, que suelen empezar por 19, sino por la heterogeneidad entre las personas que conforman esos grupos poblacionales. Porque si alguien perteneciente a la generación Y se sigue conformando con hacer lo mismo desde que acabó la universidad, posiblemente un millenial haga todo lo contrario.

De aquí la importancia, hoy en día, de tener maestría. O te quedas atrás.

Sí es cierto que no todos podemos permitirnos un año de estudio a mitad de nuestra carrera laboral. Menos aún si es en el extranjero. Pero la gran mayoría lo necesitamos. No es un costo, es una inversión.

Son 3 las razones por las que yo abogo hacer una maestría en algún punto de nuestra vida. En orden de importancia:

1. El networking como evaluación final

Olvídate de la puntuación y de la campana de Gauss. Con base en mi experiencia, el networking es lo mejor que puedes obtener. En mi caso, la maestría la llevé a cabo en Madrid, la capital de mi país de origen, pero la promoción estaba compuesta por más de 25, nacionalidades lo cual implicó una variada mezcla de culturas y contextos.

Habitualmente en las maestrías de un alto nivel se sigue el Método del Caso como para aprender. Los trabajos en grupo se convierten en el pan de cada día. Significa que no solo aprendes de la experiencia de tus compañeros, sino que además adquieres una sensibilidad perceptiva a la hora de ponerte en el puesto de los demás, laboralmente hablando.